viernes, 29 de marzo de 2013
...
Alguien que cuando me ponga borracha me lleve a casa en brazos. Que me rompa las medias con la boca, y luego me compre otras. Que me haga el amor contra la pared y se meta conmigo en la bañera. Alguien que cosa disfraces a mis días malos y los convierta en buenos. Que no se enfade si no me entiende, si no me entiendo y lo mareo. Que me saque la lengua cuando me ponga tonta y me haga enmudecer. Que no de por hecho que siempre voy a estar ahí, pero que tampoco lo dude… Que no me haga sufrir porque sí, pero que no me venda amor eterno manoseado. Alguien que no pueda caminar conmigo por la calle sin cogerme de la mano. Que no me compre con regalos, pero que tenga mil detalles de papel. Alguien con el que me pase las horas charlando sin llegar al aburrimiento. Que no le guste verme llorar y me haga reír hasta cuando no tenga ganas. Que de vez en cuando decida perseguirme en los bares y conocerme otra vez.. Que me mire, lo mire, y me tiemblen las piernas sin remedio. Alguien que esté loco por mi, y que no me lo diga solo los días de resaca. Alguien que no me prometa futuros que me dará y sea el día de hoy lo más importante. Alguien que me eche de menos antes de haberme ido. Que si se pone animal, sea solo en la cama, y me mate a besos por la mañana. Que no se acostumbre a mí y no deje de inventar nombres nuevos para despertarme. Que si mira a otra, luego me guiñe un ojo, y se ría de mis celos de hojalata. Alguien que esté dispuesto a intentarlo. Pero sobre todo alguien que no tenga que perderme para darse cuenta de que me ha encontrado.
En definitiva...alguien que se parezca a mi, pero que no sea como yo...
viernes, 22 de marzo de 2013
Yo soy muy...
Generalmente, todos pensamos que poseemos varias virtudes que nos definen: somos buenas personas, somos inteligentes, somos muy sensibles y tenemos un gran sentido del humor. También pensamos que somos muy amigos de nuestros amigos (ya ves tú que mérito) o que somos muy fieles. También se llevan mucho los yo soy muy con las siguientes cualidades: yo soy muy sincero, yo soy muy fuerte, yo soy muy generoso, yo soy muy independiente, yo soy muy tolerante o yo soy muy alegre. Es más fácil contarle a los demás cómo nos gustaría ser, e intentar que nos crean, a dejarles libertad para conocernos y que saquen sus propias conclusiones. Sus conclusiones pueden estar igualmente equivocadas, pero, al menos, son las suyas y no las nuestras impuestas en otros.
Y, puestos a inventar un personaje, mejor diseñar a un buen protagonista. No vas a comenzar una conversación con un desconocido diciéndole: "ya te aviso de que soy muy mala persona, bastante egoísta y soberbia y carente de sentido del humor, pero hablemos de ti...." Y, bien pensado, lo que somos es grandes guionistas. Vamos perfeccionando nuestros personajes con los años e inventando la línea argumental que deseamos recorrer. Pero la diferencia entre ficción y realidad es que la ficción está bajo control y la realidad no. La realidad es imprevisible. Aparecen personajes secundarios (todos aquellos que no somos nosotros) que nos rompen los esquemas y trazan un nuevo rumbo sobre la trama principal. Y, por mucho que te hayas aprendido tu guión previamente, cuando esto sucede no te queda más remedio que improvisar.
La vida no tiene una sola dirección, tiene muchas. Quizá un sentido único, pero muchas direcciones. Y creo que construir minuciosamente nuestros personajes, y hacer campaña permanente, nos lleva a meternos en la rotonda más próxima y a no poder salir; a pasarnos la vida dando vueltas sobre nosotros mismos, dejando pasar la oportunidad de salir a la autopista y seguir adelante. Y una vez en ruta, tampoco será fácil. La vida no es una línea recta, no es una autopista señalizada y recién pavimentada por la que uno llega sin contratiempos a su destino. La vida es más bien una carretera llena de curvas y, según estés, puedes necesitar ir parando en cada esquina a vomitar.
En el yo soy muy, uno acaba creyéndose que, efectivamente, es así, y no hace nada para descubrir cómo es de verdad, o mejor aún, quién es. Se pasa la vida aferrado al personaje que ya ha construido sin darse ninguna posibilidad de cambio y conocimiento personal. Por eso deberíamos dejar de intentar definirnos todo el rato, y de intentar definir a los demás, para así creer que los tenemos bajo control.
Y aquí funde el negro y un rótulo blanco reza: The end. Yo soy muy hábil cerrando columnas.
miércoles, 30 de enero de 2013
¿Inocencia?
De niña pensaba que tenía poderes y estuvo a punto de romperse la crisma cuando, ataviada con una sombrilla, saltó desde el muro del jardín. No le dolió el golpe sino descubrir que no podía volar. El siguiente chichón se lo hizo al chocar, en plena carrera, contra el tabique de su cuarto. Tampoco era capaz de atravesar paredes. Esta niña no es normal, dijo su madre mientras le ponía mercromina en la frente. Claro que no, pensó ella, soy un superhéroe. Y tachó de la lista la habilidad de curar. Creció descartando la eolokinesis, cryokinesis y todas las kinesis de los cómics que leía sin darse por vencida. ¡¿Telepaqué?!, le preguntó en el recreo su mejor amiga. Olvídalo, respondió tras veinte minutos en silencio mirándose con cara de tontas. Sólo una vez creyó encontrarlo. Aquella tarde el tiempo se paró de pronto. Allí estaban sus ojos, al otro lado del pasillo. Durante unos segundos todo se movió a cámara lenta pero no ocurrió nada. Esa noche lloró la diferencia entre ser y sentirse invisible. Y hoy sigue, con su capacidad de ilusionarse intacta, buscadora de buscadores, sin rendirse jamás. Quizá, un día, alguien le susurre al oído que esos también son superpoderes
lunes, 28 de enero de 2013
Tiembla Tokio II
Leía en el autobús y, de un salto, tuve que pulsar el botón para no pasarme de parada. - Sonia, tú siempre igual, con la cabeza en otra parte -. Seguí leyendo mientras andaba, buscando la luz intermitente de las farolas.
“- Ahora mientes un poquito. Yo sé que en alguna parte del mundo tienes a una querida y que la ves cada medio año para pelearte con ella. Es muy bonito por tu parte que quieras guardar fidelidad a esta amiga maravillosa, pero, permíteme, no tomes esto tan completamente en serio. Ya tengo de ti la sospecha de que tomas el amor terriblemente en serio. Puedes hacerlo, puedes amar a tu manera ideal cuanto quieras, eso es cosa tuya. […] Amar ideal y trágicamente, oh amigo, eso lo sabes con seguridad de un modo magnífico, no lo dudo, todo mi respeto ante ello. Pero ahora tienes que aprender a amar también un poco a lo vulgar y humano.”
El lobo estepario. Hermann Hesse.
Golpe al pecho. Entré en el callejón que me llevaba directamente hasta la puerta de casa. Es un callejón bastante oscuro, con sólo un par de farolas que ni recuerdo desde cuándo llevan fundidas; no podía seguir leyendo.
¿Y si es verdad? ¿Y si lo que debo hacer es apartar de una patada a mi concepción idealista del amor? Las utopías son el camino hacia la mejora, o eso dicen… pero joder, una también se cansa de perseguir algo inalcanzable, de subir peldaños para nunca ver el final de la escalera; y este amor mío sólo me traía decepciones bajo el brazo. El problema es que no sé conformarme con menos. Busco algo que nadie puede ofrecerme; busco algo puro en un universo adulterado.
Quizás ese sea el único remedio barato y efectivo: entregarte a los placeres mundanos, a los instintos básicos. - ¿Pero qué iba a aportarme eso a mí? No seas hipócrita, eso es lo último que tú quieres -. ¡Cállate! ¡Deja de cuestionarlo! No tiene que ser tan complicado. Sabes perfectamente cómo hacerlo; esos juegos de seducción no pueden pillarte de nuevas: háblales en francés, mírales de reojo. Tú sólo limítate a sentir el pálpito profundo que se clava en el vientre; esa será tu brújula. Aprovecha, y déjate besar, ahora que todavía tienes la piel tersa, el cuerpo bonito, y todo en su sitio.
Deja que beban champagne de tus clavículas.
sábado, 12 de enero de 2013
Almas gemelas
Llevaban siglos reencarnándose juntos. Hubo vidas en las que él fue el padre y ella la hija. Otras en las que ella fue el marido y él la esposa. Incluso hubo una vez de infausta memoria en la que fueron hermanos siameses.
Lo importante es que siempre habían estado juntos.
En aquella vida algo salió mal. Él era lama tibetano y ella pastora en Anatolia. Desde niña ella sintió que algo le faltaba y cuando ese anhelo desconocido se hacía demasiado apremiante, salía de la cabaña y se sentaba en una roca mirando hacia el oriente y sólo eso la calmaba un poco.
A los quince años la casaron con otro pastor de un pueblo vecino y ella pensó que el matrimonio borraría esa insatisfacción que tenía desde niña, pero la insatisfacción no hizo más que crecer. Era como una voz interior que le dijera a todas horas que en otra parte existía otra vida.
Su marido no era mala persona y aceptaba que le habían casado con una mujer un poco peculiar. La dejaba con sus manías. Ordeñaba bien, no miraba a otros hombres y se podía comer lo que cocinaba. Peores mujeres hay en el mundo.
Una noche de otoño ella sintió crecer el anhelo por ese algo desconocido. Era como una bola en su estómago que le impidiera respirar. “Salgo un momento fuera”, le dijo a su marido.
–¿A estas horas?
–Me ha parecido oír un ruido. Tal vez un lobo esté acechando a las ovejas.
–Bueno, pero no tardes. Tengo ganas de cenar.
La luna llena brillaba en el cielo. Echó a andar hasta las dos rocas graníticas que marcaban el borde del prado. El viento ululaba y la llamaba por su nombre. Cuando hubo llegado donde las rocas le pareció que lo más natural era seguir andando.
Pasaron cuarenta años. Ahora hablaba tibetano, sabía ordeñar yaks, conocía varios ritos tántricos, su cabello estaba blanco y ya no sentía ningún anhelo. Entró en la cabaña. Su marido estaba sentado a la mesa.
–Has tardado bastante.
–La noche estaba tan agradable que me olvidé del tiempo. Me puse a andar y me alejé demasiado.
–Está bien. ¿Podrías preparar la cena? Tengo hambre.
miércoles, 9 de enero de 2013
Desprendimiento de rutina
Acostumbrada a los mapas, esta vez,
por vez primera, voy a ciegas.
Acostumbrada a la compañía, esta vez,
por vez primera, voy a solas.
Dan ganas de decir: «si lo llego a saber no vengo»
si no fuera porque lo que ahora sé
es que siempre estuve aquí,
que en realidad nunca hubo mapas
ni compañía.
Porque lo que ahora sé
es que sólo a ciegas y a solas
–desprendida dolorosamente la rutina–
podré oír mi propia voz una mañana
despertándome por fin de este sueño dentro de un sueño dentro de un sueño
en el que me dan ganas de decir a cada rato, asustada:
«si lo llego a saber no vengo».
lunes, 7 de enero de 2013
Propósito de año nuevo
Aprender a vivir en un olmedo
y al mismo tiempo,
saber cuándo tengo que marcharme
con viento fresco
(a ser posible favorable),
con mi música (y el resto de mis cosas, claro)
a otra parte.
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