jueves, 15 de agosto de 2013
¨Regalo¨
Antes que digas nada y rechaces todo esto de pleno. Dime al menos dónde puedo encargar a alguien como tú, igualito a ti, aunque sea una copia barata, lo daré por válido. Pero encárgate de que venga con todos tus defectos incluidos en el precio. Pídeles que me plagien tu esencia, y tu estúpida forma de reírte de mí. Que hagan una absoluta fotocopia de la forma que intentas ignorarme, y hacer con que me buscas a metro por encima de mi cabeza. Lo quiero igual de artista, con la misma iniciativa, no me importa gastos adicionales. Diles que no escatimen en tus detalles, y que le jodan al copyright pero quiero calcadas todas tus palabras. Que no le cambien tu ideología, que siga sabiendo lo que quiere y hasta qué punto. Que le falten horas a sus días y venga a robármelas a mi, aunque sea de madrugada. Pídeles que encuentren la fórmula que tienes para que me sea imposible pensar que hay algo más allá de ti y nuestra circunstancia. Aprovecha la oferta y exige que me lo manden sin gastos de envío, con solo ganas de mí. Y si no es posible eso, pide al menos la garantía y asegura mi corazón a todo riesgo, porque últimamente está hecho mierda y no quiere ver a nadie que no seas tú.
sábado, 29 de junio de 2013
...
... Euforia, tormento. Noches en vela. Días inactivos. Sueña despierta delante del ordenador. Se olvida el bolso en el supermercado. Sigue de largo donde debería doblar. Habla en voz alta mientras camina sola. Planea lo que diría, o lo que debería haber dicho. Lo que le dirá en un próximo encuentro. Corre riesgos estúpidos. Dice tonterías. Se ríe demasiado. Habla lo que no debe. Revela secretos. Pasea de madrugada. Algo que le dijo él aún le resuena en sus oídos. Ve su sonrisa si cierra sus ojos. Atesora las entradas de la película que vieron juntos ¿Qué pensará él del libro que está leyendo? Un perfume despierta un sin fin de recuerdos. Una canción le provoca sollozos. Llora un promedio de cien lágrimas al día. Y duerme, calcula, unas cuatro horas por noche...
domingo, 23 de junio de 2013
Sólo alguien con las heridas cerradas...
Sólo alguien con las heridas cerradas,
sólo alguien
que ha aullado de dolor mientras las curaba
podrá mirar sin miedo
mis cicatrices
y caminar conmigo en paz.
miércoles, 19 de junio de 2013
Érase una vez...
"Érase una vez... Y al final del cuento la caperucita era una loba, la abuelita un leñador, la devoradora una asceta, la libérrima un completo compendio de dependencias, la mística una frívola empapada de temores, el incomprendido un ángel, la princesa un monstruo, el monstruo una princesa, el otro incomprendidonun diablo, la supuesta loba una absoluta caperucita y el camino entre el bosque un leñador".
sábado, 8 de junio de 2013
Perdón, perdón, perdón
Desafortunadamente, la idea del perdón lleva mucho tiempo envenenada. El perdón constituye, junto con la promesa, uno de esos gestos que mejor define la condición humana. Perdonar tiene algo, en sus orígenes, de rechazo a la fatalidad de lo ocurrido. Cuando decimos "lo pasado, pasado", estamos afirmando no sólo que del pasado lo único que podemos hacer es irnos olvidando, puesto que no hay forma de que vuelva, sino también que es la realidad más sólida, más firme, más inalterable que podamos concebir, como viene expresando en el viejo refrán popular "el pasado puede más que Dios". Así las cosas, perdonar tiene algo de rechazo, de enfrentamiento a la dictadura del pasado, a su aparente irreversibilidad. Es como si el que perdona le dijera al mundo: "Esperad un momento, que sobre este asunto todavía me queda algo por hacer".
Eso es lo que le queda por hacer al que perdona pertenece a un orden específico. Por decirlo con las palabras que utiliza Javier Sábada en su libro El perdón, en el gesto de perdonar se expresa la soberanía del yo, que, en su plena autonomía se enfrenta a otro yo. De hecho, cuando empezamos a ejercitarnos en la práctica del perdón, una de las primeras cosas que no suele sorprender es la incomprensión ajena. Pero, ¿cómo has podido perdonar semejante cosa?, se nos suele decir. En tales momentos empezamos a ver la diferencia de perspectivas: esas terceras personas nos plantean su recriminación desde un punto de vista (por ejemplo, el de algún legítimo derecho que nos asitia y al que estamos renunciando) que poco o nada tiene que ver con la naturaleza del perdonar.
Y es que el perdón fundamentalmente significa, utilizando la definición de Butler, la supresión del resentimiento. Perdonar por tanto, no equivale a olvidar (por más que tantas veces se equiparen ambos términos) ni a absolver. El perdonado no se torna inocente tras el perdón. Puede quedar, si ello está en manos de la víctima, eximido del castigo, pero ello no resulta forzoso. Quien perdona no renuncia a la memoria, sino al odio (tal vez como señalaba Arendt, se perdona a la persona, no lo que ha hecho). S desprende de esto que, si con alguna virtud tiene que ver la facultad de perdonar, es con la misericordia, aunque también mantenga un parentesco cercano con la generosidad (que es la virtud del don). Ninguna de las dos es innata: ambas se alcanzan básicamente a través del conocimiento, tanto de los otros como de uno mismo... (...)
viernes, 3 de mayo de 2013
La gente...
La gente se maquilla hasta el alma antes de salir de casa por las mañanas. Se mira al espejo y se dice: "Perfecto, ya no pareces tú. Ahora sonríe y cómete el mundo."
La gente es hipócrita, egoísta y una golfa de cuidado. La gente deshace las promesas a su antojo y, al mismo tiempo, te pide compromisos de por vida. La gente se equivoca -se equivoca mucho- y, después, no admite ni un fallo. No perdona. No olvida. No nada. Y no se ahoga tampoco. La gente... ni siquiera pierde la esperanza; por suerte o por desgracia, jamás le hizo falta fabricarla. La gente vive por y para sí misma... pero se consume sin saberlo.
Hay gente que se cree con licencia para exigir cualquier cosa del resto... Y exige sin escrúpulos. Hasta las vísceras.
... Por suerte, aún quedan personas en este mar de gente. PERSONAS, con mayúscula. Son de ese tipo de seres en peligro de extinción que prefiere en la cara el viento al maquillaje. Y que se sienten -porque a veces no todo es verse- muchos más guapos si se miran en los charcos que en los espejos.
martes, 16 de abril de 2013
Ausencia
¿Cómo convertir la ausencia en costumbre? ¿Será como dejar la luz encendida, tanto de noche como de día, hasta que se deja de ser consciente de que está encendida? ¿O será como apagarla y no volverla a encender, ni siquiera de noche, hasta que se aprende a vivir en la oscuridad?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)